Hoy fué un día negro. A modo de desahogo, paso a contarles.
Tenía que llegar a mi trabajo un poco mas temprano de lo habitual, ya que había pago de haberes en el banco donde trabajo y de una sola empresa (149 personas) iban a venir TODOS al mismo tiempo. Llego a la parada del colectivo 8:40 y luego de que 4 unidades del maldito 146 siguieran de largo, recién logro subirme al 5to. y acomodarme entre la multitud, como mejor podía, tratando de que “mis partes” no quedaran pegadas a las “partes” de ningún sexo masculino. Llegué a la misma hora de siempre…
Me preparé una taza de café y antes de poder darle un sorbo, lo vuelco absolutamente todo sobre el escritorio, donde además de papeles de trabajo, tenía mi celular y una receta médica para hacerme análisis. La receta es impresentable, el celular veremos.
Ya a las 10 de la mañana, apenas abierto el banco, había 10 personas haciendo cola. Así todo el día, uno tras otro, sin parar, desfilaban por mi escritorio sin darme tiempo ni para acomodarme la chabomba del culis.
En el único momento que puedo levantarme para ir al baño (ya tomar agua era un lujo impensado) abro la puerta del “Damas” y me encuentro con una inundación donde cucarachitas y pequeños arácnidos trataban infructuosamente de no morir ahogados. Fuí al de hombres, el que al poco tiempo sufrió el mismo destino.
Luego de atender a todos los amables clientes que me honraron con su presencia, me dispuse a grabar tooooooooooodas las operaciones correspondientes a cada uno de ellos. Ahí el agua de los baños ya había llegado hasta el salón, y dejando la alfombra en un estado deplorable.
Me fuí a las 19:30, dispuesta de darme un “premio-premio” por el día que tuve. Fuí hacia un lugar donde había visto algo que me había gustado días atras, canturreando: me lo merezco, me lo merezco, pero…”ay querida, vendí la última ayer” me dice la compungida vendedora.
Lo llamo al pelado que andaba cerca, por lo menos me vuelvo en auto pienso, pero el pobre también estaba atascado en otro problema, con lo cual, despues de esperarlo media hora sentada en un banco de plaza San Martín, me volví a casa en el medio de locomoción más usado, el bendito colectivo, mientras pensaba en la cerveza que me iba a tomar cuando llegara.
Llevo a las 20:50 hs. (si, 12 hs. desde que salí) abro la heladera…y ni un mísero porroncito de birra para alegrarme lo que quedaba del día.
Pienso que por lo menos me queda el perro que me espera y me mueve la cola, pero el muy hijo de p….me destrozó la cuarta parte de la única planta que me quedaba en el patio. Ni un mimo le hice.
Y para colmo de males, me volví a acordar que ayer Lanús perdió.
Sil Malos Momentos Birra, Hombres, Tiempo
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